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Comunicación interna y sentido de pertenencia: cuando la
velocidad corta raíces
Por Alejandro Formanchuk
(*)
Los que trabajamos en comunicación muchas
veces decimos que una comunicación interna bien gestionada permite potenciar el espíritu de pertenencia del
personal. Esto es así, hay gran cantidad de casos que lo demuestran. No
obstante, también es cierto que lanzar alegremente esta afirmación puede llegar
a ser algo temerario si se considera la movilidad laboral que impera, donde
“hacer carrera” es un anacronismo, algo que pertenece a un pasado perdido en un
horizonte que ya no se ve. El “sentirse parte de una organización” es una
emoción que está golpeada en sus dos
pilares: las empresas marcan ritmos rápidos de entrada-salida y las personas
no echan raíces, ya sea porque no les dan tiempo a hacerlo o porque directamente
ya no les interesa hacerlo.
Como muchas veces señalamos, la
comunicación más fuerte es la que se realiza a través de la acción. Por ejemplo,
brindar capacitación al personal es una forma de decirle: quiero darte semillas
para que me des frutos. Pero cuando la
visión es a corto plazo las empresas no invierten en “dar conocimiento” a gente
que tal vez hoy esté aquí y mañana en la vereda de enfrente. Sencillamente
ya no hay tiempo para esperar los frutos.
¿De dónde nace esta cultura del vértigo?,
¿las personas entran a una empresa con la idea de irse apenas puedan o las
empresa las toman con la idea de renovarlas rápidamente? La respuesta por ahora
quizá orille más hacia el análisis de las consecuencias que de las causas. Hay
un juego de vasos comunicantes viciosos: yo no te doy porque pienso que te vas a
ir y vos te querés ir porque pensás que no te doy porque quiero que te vayas. De
todas formas, y a título de separar las aguas, creo que la empresa cuenta con
herramientas para que este círculo no se convierta en un globo y explote. Una de
ellas es la comunicación interna, la cual no le pide al personal que “tenga sentido de pertenencia”, sino
que le da buenas razones para que le nazca este sentimiento.
Ahora bien, la pertenencia se construye
cuando se adhiere a una identidad, cuando se elige formar parte de un
“nosotros”. ¿Pero qué identidad
construye hoy el trabajo? En principio, una identidad cuestionada en su
esencia: todos somos modificables y es condición de supervivencia rehacer
constantemente las percepciones que uno tiene de sí mismo. Hoy se trabaja “de
algo”, pero mañana se debe tener “cintura” y capacidad de adaptación para
trabajar de otra cosa. El trabajo nos reta, tanto al practicarlo como al
intentar pensarlo. El hombre no es un trabajador en sociedad sino que es, como
describen muchos gurúes del tema, una “empresa unipersonal”, un “YO Sociedad
Anónima”.
Claro que esta nueva realidad tiene tanto
de bautismo como de entierro. Podemos hablar de un hombre flexible, pero también
de uno que no tiene tiempo para conocer
al otro, socializar, formar una memoria, aprender y compartir códigos comunes,
integrarse, comunicarse. Un hombre cuya acción está tensada por la velocidad
y la desterritorialización de sus mundos simbólicos, una tensión que lo arranca
del tejido social y lo convierte en alguien que no camina sino que circula, que
no se comunica sino que se conecta. La locura de la rapidez, como señala José Pablo Feinmann, aniquila la
temporalidad y por eso la frase que más se oye es “No tengo
tiempo”.
Se pierde el territorio porque la
circulación es obligatoria. ¿Esto es nuevo? Cito un discurso que pronunció Martin Heidegger en 1955: “la pérdida
del arraigo del hombre de hoy no viene simplemente causada por las
circunstancias externas y el destino, ni tampoco reside sólo en la negligencia y
la superficialidad del modo de vida. La pérdida de arraigo procede del espíritu
de la época en la que a todos nos ha tocado nacer”.
En este espíritu de la época la clave es
no quedarse parado, cambiar, moverse, hola y chau. Todo debe ser continuo: la
capacitación, la innovación y la comunicación (como veremos más adelante). El
agua y el sol que le permitían a la semilla crecer y echar raíces, son
reemplazados en este nuevo vivero electrónico por bebidas energizantes que
provocan efectos considerados positivos y deseables para esta cultura:
excitación, nerviosismo, taquicardia, insomnio y tensión.
Comunicación vertiginosa
¿Qué pasa con la comunicación interna en
un ambiente marcado por el hacer, deshacer y rehacer constante, donde la
sociabilidad baila al ritmo del desarraigo y la movilidad? En primer lugar,
muta. Muta hacia formas y herramientas que tienen el mismo ritmo y dinámica. Si la vida es vertiginosa, la comunicación
es vertiginosa, y los medios electrónicos brindan la agilidad necesaria para
enviar flujos de información y mantener la conexión más allá del tiempo y la
frontera, pero al mismo tiempo borran la dimensión humana y vivencial de la
comunicación y abren distancias, como cuando dos compañeros que tienen los
escritorios a un metro de distancia eligen “hablarse” durante todo el día por
e-mail.
¿Podemos aún pensar la comunicación interna desde una
dimensión humana o estamos limitados a trabajar con fragmentos de sujetos
móviles, diversos, esporádicos? ¿Cómo recuperar una perspectiva global de la
comunicación en la empresa cuando lo que está en juego es una nueva
sensibilidad? Basta tener el oído atento para anotar qué palabras ganan terreno
(flujos, conexiones, redes) y cuáles pierden valor (encuentro, comprensión,
escucha).
Como señalamos párrafos atrás, hoy la
forma está en el movimiento continuo. La comunicación también debe ser continua
y esto provoca que no haya una “puesta en común” sino una inundación de
información. En muchas auditorias de comunicación se descubre que el personal considera “poco relevante” la
información que recibe pero destaca el flujo constante. Abundan palabras,
pero cada vez tienen menos valor, y, como reveló la última investigación que
realizamos en la Comisión de Comunicación Organizacional de la Asociación de
Recursos Humanos de la Argentina, la gente pide más “medios” personales
(reuniones, encuentros, charlas) y menos electrónicos.
Es difícil estructurar un plan de
comunicación cuando la identidad ya no es nítida ni los arraigos son fuertes.
Cuando los escenarios hacia el futuro son enigmáticos (este es el pulso de este
tiempo: el enigma.), cuando hay una expansión estructural del anonimato y la
gente es liberada de la obligación de tener que intercambiar una palabra, o,
como diría Jesús Martín Barbero,
cuando hay una sustitución de la interacción comunicativa por la textualidad
informativa. Es difícil poner en común cuando se pregona un “Yo S.A.” y no un
“Nosotros S.A.”.
¿Qué hacer frente a este panorama? Echar
mano de la nostalgia no parece constructivo (y en mi caso es impracticable
porque tengo menos de 30 años de edad y este es el único mundo que conozco). Una
idea de “tiempo pasado-tiempo mejor” conduce a un pesimismo que impide
comprender por qué el reloj camina más rápido ahora que antes, por qué la
velocidad mató al tiempo. Lo que sí podemos es tomar nota del espíritu de la
época para saber cuáles son las nuevas formas de vivir y de narrar lo que se
vive dentro de una empresa, las maneras de estar y de sentirnos juntos, de
socializar y por ende de comunicarnos y expresarnos.
(*) Director de
Formanchuk & Asociados. Licenciado en Comunicación Social (UBA) y
Especialista en Comunicación Organizacional. Además llevó adelante acciones de
comunicación para más de treinta empresas medianas y pequeñas, y para compañías
de América latina y EEUU. Director de la Comisión de Comunicación Organizacional
de la Asociación de Recursos Humanos de la Argentina (ADRHA). Coordinador
Editorial de "Vínculos“, la revista más importante de RRHH de la Argentina.
Capacitador del Grupo TEC, empresa internacional que provee desarrollo y
aprendizaje en forma continua exclusivamente a CEOs. Docente invitado en
Universidades de la Argentina y Uruguay. Disertante en el 2do Congreso Nacional
de Recursos Humanos, organizado por ADRHA. (Buenos Aires, 2003). Disertante en
"Expo-Americas: Las últimas lecciones de negocios" (Bolivia, 2005). Evaluador
del 1º Concurso Nacional de Publicaciones Barriales y Comunicación Comunitaria
(Ministerio de Desarrollo Social). Columnista en publicaciones profesionales de
la Argentina, América latina y España. Coautor del libro "Recursos Humanos en la
Argentina". Contacto: formanchuk@netizen.com.ar
Tomado de: www.formanchuk.com.ar
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